jueves, 22 de octubre de 2015

Cosas de ciudad...

Ahora que llevo un largo periodo viviendo en mi aldea, ese lugar tranquilo donde siempre ves a tus vecinos, algún que otro coche pasando por la carretera, los animalillos corriendo por ahí… cuando voy de visita a la ciudad, presto mucha más atención a lo que allí me rodea.

Puedes experimentar tantas cosas distintas, ver a gente tan diferente, verte envuelta en situaciones tan inesperadas…

Sentarte a comer churros en la terraza de un bar y que un vagabundo que pasa por allí, le de voces al camarero; que yo, me quede un poco asustada, pensando: “se va a liar” y que luego vea, que la reacción del camarero es responder con otra voz y sonriendo a aquel señor, dándome cuenta de que sólo estaba bromeando, de que el vagabundo pasará por allí muy a menudo y es, digamos, un “amigo” del camarero.

Y siguiendo sentada en esa terraza,  ver como un grupo de guiris en bicicleta atraviesan la callejuela, para parar en el bar de más adelante a tomarse unos vinos o unas cervezas.

Y acercándose el medio día, mirar el termómetro de la calle que marca 30 gradazos…a 21 de Octubre; esto es Málaga señores.

Almorzar con mis penkas favoritas, que me tienen la comida preparada, aunque no me hayan esperado para empezar a comer, pero ya hay tanta confianza que… pa qué iban a estar pasando hambre.

Disfrutar unos minutos de ese paseo marítimo, mientras recuerdas con una vieja amiga aquellas tardes en las que salíais a patinar, y sentir unas ganas enormes de volver a hacerlo.

Son tantos los recuerdos que aquella ciudad me trae…

Y porque siempre habrá algo nuevo por hacer, qué mejor que sentarse en un banco de la plaza de la Merced a leer un libro mientras varios niños corretean a tu alrededor, oyendo de vez en cuando los gritos de sus madres y oyendo también, las interesantes conversaciones de esos locos bajitos.

Que una señora que lleva un carrito con un bebé, me salude y se siente a mi lado, y que de vez en cuando ese niño me mire y se ría mientras yo le pongo caras; y pensar: no hay nada más bonito que la sonrisa sincera de un niño.

En pocos minutos ves pasar tantas historias por delante de ti…y me pregunto: ¿cómo será la vida de esa señora con su bebé?, ¿a dónde irán esas chicas con pintas de universitarias hippies? ¿cuál será la historia de estos niños que están jugando a mi alrededor? ¿y la de la señora mayor que va agarrada del brazo de la joven?

Caminar por las calles, mientras te sumerges en tu música, y que de repente te paren, te hagan bajar de esa nube y te pregunten: “¿Cómo te llamas? ¿Y ese colgante? Qué bonito, ¿dónde lo compraste?” Y empieces a contarle tu vida a un desconocido de médicos sin fronteras…para que después te hable de lo beneficioso que sería ayudar económicamente a esa pobre gente; haciendo su trabajo lo mejor que puede.

Y llegada la noche, pasear por el puerto, imaginando que cualquiera de aquellos barcos podría ser tuyo, imaginar a qué puertos podrías llegar y mientras tanto, divisar la Alcazaba iluminada entre la oscura arboleda, la torre de “la manquita” alzándose entre los edificios de la ciudad o la noria alumbrada, recordando al London Eye.

Tomar un algo en los 100 montaditos, a la vez que compartes risas, anécdotas y otras historias con un recién conocido.

Y pensar: cuántos años he pasado viviendo en esta ciudad y cómo me sigue encantando, quizás ahora más que antes, porque cuando más se valora algo es cuando no se tiene.


Pero prefiero no tenerla y seguir admirándola como hasta ahora, disfrutando de ella en pequeñas dosis y sintiendo siempre esas ganas de volver.


lunes, 19 de octubre de 2015

Reflexiones de media noche: "Enamorada del mundo"

“Enamorada del mundo” así me definiría, si de algo estoy enamorada es del mundo, adoro sus lugares, adoro sus gentes, sus culturas, sus comidas, sus aromas, sus todo…

Me encanta llegar a un lugar nuevo, poder perderme entre sus calles, descubrir colores nuevos, sabores nuevos, miradas nuevas, sonidos nuevos.

Adoro sumergirme en un lugar ajeno a mí, donde es como empezar de cero, porque es una nueva vida, es una nueva gente, son unos nuevos retos.

Por eso, me apasiona viajar y vivir en lugares distintos, porque no me siento como una hoja de un árbol perenne sino como una hoja de un árbol caduco, donde cada año la hoja se cae y en primavera vuelve a brotar, con una nueva vida por vivir. Yo soy esa hoja que cada año cae y vuelve a resurgir en un lugar desconocido, con unas ilusiones distintas, rodeada de hojas diferentes y con un mundo diverso por descubrir.

Recuerdo lo que considero mi primer “viaje”, aquella primera vez que subí a un avión para visitar la llamada “ciudad del amor”, París. Y recuerdo esa sensación de asombro, de sentir que todo es bello, que es tan distinto a lo que normalmente te rodea,  que te atrapa y hace que desees quedarte allí sin que el tiempo pase. Y recuerdo que con sólo 15 años pensé: me encantaría vivir aquí, por un tiempo.

Y es que viajar es una droga, es una droga que te aporta conocimientos sobre ti mismo y sobre los demás que de otra manera quizás nunca llegarías a conocer.

Cuando llegas a un lugar en el que todo es extraño para ti, eres como un libro en blanco esperando a ser escrito, donde escribirás una historia que va a ser protagonizada por personajes de lugares que nunca hubieras imaginado.

Y en cada rincón tendrás momentos especiales que recordar, momentos más alegres, momentos más tristes, pero en definitiva, momentos que te harán crecer y aprender sobre la vida.

Viajar es cambiar, es abrir tu mente y ver que ahí fuera de tu pequeño mundo hay un infinito abanico de posibilidades esperándote para ser conquistadas.

Vivir en un lugar nuevo es arriesgarse, es superar barreras, es intentar alcanzar unas metas que tal vez antes no te hubieras planteado; es salir de tu zona de confort, de esa que a veces nos atrapa, haciéndonos seres inamovibles y cobardes.

Es hacer que tus raíces se expandan por otras tierras distintas a las que te vieron nacer.

Es volar sobre cielos lejanos, sentirse libre, cumplir y crear nuevos sueños.

Volemos.








sábado, 17 de octubre de 2015

Noches de Halloween: Un móvil desaparecido, un enmascarado, un ligonzuelo y muchos borrachos.

31 de Octubre de 2014. Cork, Irlanda.

¿Plan para la noche de Halloween?

House party prometedora en casa de un irlandés: buena música, posibilidad de conocer irlandeses (que aunque no sean muy agraciados físicamente nos convenían para mejorar nuestro inglés y hacer amigos que no hablaran español, cosa que en Cork, aunque parezca raro, era muy difícil) y fiesta hasta altas horas de la madrugada, algo que apreciábamos mucho los españoles ya que en Irlanda los locales echan el cierre de 2 a 2:30 de la mañana.

Disfraz que elegimos mis amigas y yo: de calaveras mexicanas, disfraz sencillo, barato y vistoso.
La noche comienza en casa de un amigo donde normalmente nos solíamos reunir para hacer botellón (vamos, que de viernes a domingo estábamos allí sin falta, hasta que el chollo se nos acabó…)

Después de que todas estuviésemos pintadas ponemos rumbo a la casa, que aparentemente parecía estar cerca, pero el camino se alargó bastante porque no la encontrábamos; teníamos la dirección, el google maps, y las instrucciones por whatsapp de nuestra amiga (la novia del anfitrión) pero aun así, nos supuso dar varias vueltas alrededor de la misma manzana hasta encontrarla.

Una vez llegados, algunas de mis amigas estaban ya borrachillas y necesitadas de más alcohol, por lo que se dedicaban a coger prestado de las botellas de los demás (¡ay pillinas!).

En cuanto a la música, había un pequeño problema, y es que los altavoces no funcionaban…la supuesta gran noche que íbamos a pasar dándolo todo en la pista se fue desvaneciendo en vista de que como mucho, la música que podíamos escuchar era la del móvil.

Pero eso sí, la decoración era inmejorable; en mi vida he visto casa tan bien decorada: telas de arañas por todos lados, pinturas ensangrentadas en las paredes, cuchillos asesinos en el baño, estaba currada no, lo siguiente.

En cuanto a los invitados,  irlandeses pocos, pero la mayoría de mis amigos estaban allí, por lo que estábamos nunca mejor dicho como en casa. Uno de ellos era un conocido mío, conocido a través de una red social, que se pasó la noche intentando ligar con todo lo que se meneaba (del sexo femenino, claro). Otro de ellos era un enmascarado simpático que cayó en gracia a una de mis amigas, por lo que se dieron los números de teléfono, llegaron a tener una cita pero luego entre que sin máscara dejaba mucho que desear y que era bastante prepotente, el chico no consiguió su objetivo ( y casualidades de la vida, que luego resultó ser mi compañero de trabajo, ¡qué pequeño es Cork!).

Yo conocí a dos guiris, una coreana y otra francesa, (porque yo tenía que hablar inglés sí o sí, y más estando contentilla) y a la francesa, pobrecita, alguien le quemó parte de su cabellera…no recuerdo cómo ni porqué (bueno teniendo en cuenta el grado de embriaguez que la mayoría llevaba encima…) pero sé que en un determinado momento de la noche empezó a oler a pelo chamuscado.


Y el suceso más señalado de la noche fue que una de mis amigas, la que iba, podemos decir, que más sobrada de alcohol, perdió su móvil. Si no recuerdo mal, fue al día siguiente cuando se dio cuenta de que su querido Samsung Galaxy S5 o 6 ya no estaba en su bolso. Inmediatamente se fue a buscarlo a la casa donde había desaparecido, pero ni rastro del móvil, lo denunció a la policía y a partir de ahí empezó una investigación que no tenía nada que envidiar a las de Sherlock Holmes: comprobó la ubicación del móvil con no sé qué sistema de seguridad que tenía, fue hasta la casa donde la ubicación le indicaba, que casualidad que se trataba de una casa vecina a la de la house party; consiguió ver una foto de la mujer que le había robado el móvil, la “Loli” la llamamos por las greñas que llevaba y finalmente, tras muchas llamadas a la garda (la polí de Irlanda) y visitas a la comisaría, mi amiga ¡recuperó su móvil! Para que luego digan que es imposible recuperar los móviles robados.

Y hasta aquí, mis 2 especiales noches de Halloween,..la próxima se acerca, ¿deparará algo interesante?

Noches de Halloween: Una noche de Halloween…cuando menos, original

Como todos sabemos la noche de Halloween se acerca, por ello he decidido hablar de dos de mis noches de Halloween que por sus cosillas merecen ser contadas.

Nos remontamos a la noche de Halloween del año 2012, una amiga, su hermana y un amigo decidimos hacer una cena de Halloween en mi piso y después si nos animábamos a salir de fiesta, salíamos.

Obviamente como era una cena de Halloween yo tenía que decorar la casa, al menos el salón, y así lo hice; no me compliqué mucho, unas cuantas de velitas de estas de los chinos, una o dos mini calabazas  que mi tía me había dado de su huerto a las que les pinté una cara, una tarta de queso con cara diabólica, una pizza con ojos y dedos-momia que mis amigas cocinaron.

Tampoco podían faltar los disfraces: yo de novia cadáver (un antojo de disfraz que siempre había tenido, aunque verdaderamente de cadáver no tenía mucho porque lo que es la cara en sí, no me la pinté demasiado pálida…me gusta demasiado ir mona), mis amigas de payasas diabólicas y mi amigo de vampiro.

Una vez llegados los invitados, comienza la cena con total normalidad…aunque extrañamente teníamos el pavo subido, no sé por qué nos reíamos por todo.
Estamos comiendo…cuando de repente la hermana de mi amiga nos pregunta:
-“La doble llama de la vela, ¿no es normal no?”

Todos miramos para la tele y vemos que está literalmente ARDIENDO!!

Yo y mis magníficas ocurrencias de poner una velita de estas que parece que están forradas de metal pero que en realidad son de plástico duro, encima de la tele, sin más sujeta velas ni nada. La vela se había ido consumiendo hasta que había derretido el plástico y con él había llegado a la tele y ¡la estaba quemando!

Mi reacción, bajo mi punto de vista muy razonable, lanzarle un vaso de agua a la tele. El fuego se apagó aunque dejó un agujero considerable en la tele (que no era mía, pues vivía de alquiler).

Después del sustillo, porque podríamos haber salido ardiendo, nos hinchamos de reír a más no poder, el momento lo merecía.

Lo siguiente era comprobar que la televisión funcionase; y así era, estaba sana y salva. Y por último tapar las huellas del crimen para que el casero no se diera cuenta del estropicio.

Encontré en una ferretería una masilla azul clarito con la que tapar el agujero, la parte de arriba la pinté con un color muy parecido al gris de la tele y encima puse una maceta con un cactus de papa Noel para disimular.

Al final, que yo sepa, el casero no se enteró, así que todos contentos.








martes, 15 de septiembre de 2015

Aventura Maltesa

                                      



Hubo una época, no muy lejana, en la que nuestro querido gobierno de España estaba sobrado de dinero, y dotaba de generosas ayudas económicas a los estudiantes universitarios becarios, para que mejoraran su nivel de inglés, asistiendo a un curso de 3 semanas en el extranjero (benditos años). 

Años después, las arcas del estado se verían vacías y el chollo de disfrutar de unas vacaciones en el extranjero gratuitamente se esfumaría. 

Yo, como becaria de toda la vida que soy, tuve la suerte de vivir aquella gloriosa época en la que las becas se daban a espuertas, y pude disfrutar de estas 3 maravillosas semanas "estudiando" inglés en un país de habla inglesa. 

La primera decisión que tienes que tomar cuando recibes la beca es a qué destino quieres ir.
Dentro de Europa, las opciones eran: Reino Unido (frío y lluvia), Irlanda (más frío y más lluvia) o Malta (sol, playa y fiesta). 
Como chica que adora el buen tiempo, a la que le gusta una fiesta más que a un tonto un lápiz (antes, ya no me desvivo tanto por salir...) y que prefiere el mar a la montaña; indiscutiblemente el destino elegido iba a ser MALTA. Además, sumémosle que esta pequeña isla era bastante más económica que los otros dos destinos. 

¿Y qué ocurre cuando le comunicas a tu familia que te vas a ir a Malta? estás son las respuestas: 
¿¿¿¿ a dónde???, ¿¿¿y eso donde está???,¿¿¿y qué inglés vas a aprender allí???

Y estás eran mis respuestas: "Pues es una pequeña isla que está ahí, un poco más allá de Italia, muy cerquita...y se habla inglés y además es super barato estar allí, me va a sobrar un montón de dinero de la beca..."  (de alguna manera había que justificar el porqué de irte a aprender inglés a una isla que sólo se conoce por la goleada que España le hizo hace 32 años, cuando todo el mundo sabe que a aprender inglés se va a Inglaterra). 

El siguiente paso sería comprar el curso de inglés y los billetes de avión. En mi caso, hice todos los trámites con dos amigas, que al igual que yo, tuvieron la brillante idea de elegir Malta como destino. Como nunca habíamos comprado nada por internet, y no recuerdo incluso si teníamos o no tarjeta de crédito para pagarlo online, decidimos hacerlo todo mediante agencia. Y bajo mi punto de vista, la agencia de viajes nos cobró un ojo de la cara por el billete, pero eramos inexpertas...y teníamos suficiente dinero para pagarlo. 

Pasadas unas semanas, llegaría el gran día en que emprenderíamos rumbo a Madrid, donde tras 6 horas de autobús y pasar una noche entera en el aeropuerto, cogeríamos un avión que nos llevaría hasta Munich, donde haríamos una pequeña escala y finalmente cogeríamos otro avión hasta Malta. (tedioso viaje donde los haya...que además tuve acompañado de un malestar estomacal que me hizo vomitar nada más despegar el avión.) 

Y por fin llegamos a Malta. Un transfer nos esperaba en el aeropuerto para llevarnos hasta el que sería nuestro hogar durante las próximas 3 semanas. ¿Y qué decir del transfer? Qué anteriormente o había sido piloto de fórmula 1 o ese era uno de sus sueños frustrados! Válgame Dios las velocidades que llevaba ese señor por aquellas callejuelas, íbamos, cagadas no, lo siguiente. 

Llegadas a nuestro futuro apartamento, primeras impresiones de aquella ciudad: es fea, las casas son viejas, hay bolsas de basura por todos lados, queremos irnos de aquí!!! 

Pero al día siguiente todo cambiaría....Nuestro segundo día en Malta fue el comienzo de 3 semanas de diversión, de conocer gente, de ir a playas de aguas cristalinas, de que la rutina de tu día a día fuera: levantarte a las 12, ir a clase de 1 a 4 o 5 de la tarde, después ir a la playa un rato, volver a casa, ducharte y salir de fiesta hasta que amaneciera. Y claro está, aprender inglés (que aunque estuviéramos todo el día con españoles y algún italiano, las  horas de clase eran aprovechadas y quieras o no, en la calle algo de inglés tenías que hablar, para preguntar a donde va el bus, cuánto cuesta esto o lo otro...ponme un chupito o un ron con coca-cola...). 

Y como bien he mencionado, las playas de Malta me parecieron preciosas, fueran rocosas o arenosas, el agua era de un azul espectacular (y más, teniendo en cuenta que las únicas playas que yo había pisado habían sido las de Málaga, que aunque le tenga mucho cariño a la ciudad, sus playas dejan mucho que desear).
Lástima que no pudiera probar el agua de aquellas estupendas playas...Y los que no conozcan mi historia dirán: ¿¿y por qué ?? 

Pues porque justo poquitos días antes de comenzar mi viaje, tuve un oportuno accidente en el que me quemé mi bonita pierna con el tuvo de escape de la moto, produciéndome una hermosa quemadura de segundo grado, la cuál me impediría bañarme en la playa durante todo aquel verano....De manera que pasé mis tres semanitas maltesas yendo a la playa pero quedándome debajo de la sombrilla, porque obviamente al sol y sin mojarme no aguantaba ni 5 minutos. 

Pero este pequeño infortunio no fue digamos el aspecto negativo del viaje, porque perfecto no podía ser...no; el mayor problemilla de mi aventura y que me dejaría clara la advertencia de:"NO SOLTAR UN BOLSO EN UNA DISCOTECA" ,sucedió la  que supuestamente debía de haber sido mi última noche en Malta. 

Y es que, muy inteligente de mi parte, en mi última salida nocturna en Malta (última, porque al día siguiente bien temprano, debíamos de coger el avión de regreso a España) decidí meter en mi bolso mi cartera con todos mis documentos (DNI, tarjeta de crédito, carné de conducir...), con todo el dinero que me quedaba y con mi cámara de fotos (lo único que me dejé atrás de valor fue el billete de avión) e irme con mi bolsito de fiesta al igual que hacíamos cada noche. 

Pero claro, esa noche no era una noche cualquiera, porque era la ÚLTIMA noche maltesa, donde había que darlo todo, y como no, había que emborracharse, porque aunque no saliéramos con la intención de bebernos no se cuántas tablas de chupitos de tequila, así lo hicimos. 
Y claro, no sólo bebíamos, también bailábamos (¿cómo no iba a bailar yo?) y como se baila más cómodo sin bolso, al igual que hice otras noches, la inocente de mí, soltó su bolsito encima de un taburete, porque ¡todos estábamos pendientes! y ¡al bolso no le iba a pasar nada!

¿Qué no le iba a pasar nada? ¡Eso no te lo crees ni tú! 
Pues sí, llegado un momento de la noche, puede que las 2 o 3 de la mañana, me doy la vuelta y para mi sorpresa veo que mi apreciado y valorado bolso no está. 

A partir de ahí, la noche de fiesta se transformó en noche de ¡Dios y ahora qué hago! ¡Qué estúpida he sido! Todos mis amigos como locos buscando el bolso por las calles, ir a la policía, de ahí a la embajada....y todo esto bajo los efectos del alcohol...aquello era un caos. 

La simpática mujer de la embajada y mis amigas, hicieron todo lo posible porque yo no perdiera el avión, pero en el último momento, mi cerebro pensó que yo no llegaría a tiempo al aeropuerto y que no valía la pena ni intentarlo porque no iba a llegar...¡ERROR!, pero así fue como perdí el avión de regreso. 

Consecuencia: mis padres se echaron las manos a la cabeza cuando se enteraron de que había perdido el avión porque me habían robado el bolso estando de fiesta ("Cómo no, de fiesta tenías que estar"- palabras textuales de mi padre. Y siguiente frase: "De España no vuelves a salir") 

Pero bueno, por suerte en un día ya me había comprado otro vuelo, mis amigos me prestaron dinero, la embajada me proporcionó un salvoconducto y todo estaba resuelto. Eso sí, no ha habido día en mi vida en el que me haya dicho más veces a mi misma: "Vero, que desastre eres". 

Y pese a este penosillo desenlace, estas fueron unas de las mejores 3 semanas de mi vida; descubrí que el inlgés era útil y que me gustaba aprenderlo, que hay miles de personas y lugares por conocer, y que la amistad es un bien muy preciado (gracias Irene y Mari y gracias amigos malteses). Y por supuesto, y muy importante, que NO SE SUELTA EL BOLSO en las discotecas (mejor no lo soltéis en ningún sitio público, "just in case"...)












domingo, 13 de septiembre de 2015

Érase una vez...

Hace 25 años, 5 días y no sé cuantas horas, nació una niña, en una pequeña aldea, de un pequeño pueblo situado en el centro de Andalucía (bueno nació en el hospital, obviamente, y a los pocos días fue trasladada al que sería su futuro hogar donde crecería, lloraría, reiría, y todas esas cosas que suele hacer la gente) . 

Sí, habéis leído bien "ALDEA", para los que habiten en las grandes urbes igual les resulta un término poco familiar, o que les evoque a poblado de indígenas, con casitas de leña y adobo rodeadas de animales y vegetación;  y sí, tenéis razón, eso es una aldea, pero las aldeas no sólo existen en la sabana africana o en la selva amazónica, también existen en los campos de nuestro querido país y muchas de ellas siguen habitadas, no sólo por ancianitos sino también por gente joven como yo, que nos hemos criado "a lo Heidi" dando brincos por el campo con cabras, conejos, gallinas  y una amplia diversidad de flora y fauna. 
A lo mejor os preguntaréis, ¿y cómo es la vida en una aldea? sobre todo, esa gente de ciudad, que lo más cerca que ha estado de la naturaleza ha sido en las visitas a la granja escuela y excursiones al campo y al zoo.

Pues bien, vivir en una aldea es algo guay cuando eres niño, estás todo el día en la calle jugando, porque dentro de casa no se puede jugar y los dormitorios son sólo para dormir (siempre que veía las series en las que los niños como yo jugaban en sus habitaciones me daban envidia, y yo pensaba: ¿y porqué yo no puedo jugar en mi habitación? ¿qué he hecho yo para merecer esto?).

Pero ahora lo entiendo, y de hecho me lo pasaba en grande jugando a hacer cabañas en los árboles, corriendo detrás de los pollitos recién salidos del huevo para poder cazar uno y "domesticarlo" , jugando al escondite por los alrededores de la casa; subiendo y bajando un terraplén infinidad de veces, simplemente porque era divertido; paseando en bici, patines y patinete por la vereda que llegaba hasta la carretera (lugar que nunca podías pisar usando este tipo de vehículos porque era muy peligroso según los adultos...una carretera de aldea...transitadísima que estaba...); construyendo tiendas en el patio de mi casa o caminando por los olivos imaginando que íbamos por un peligroso bosque...en definitiva, molaba. 

El problema está en cuando te haces un poco mayor y te das cuenta de que en la aldea no hay cibers como los del pueblo donde tus amigos quedan y usan el maravilloso internet que no llegaría a la aldea hasta varios años después, no hay pubs donde salir, no hay tiendas donde comprar nada...(había una de comida pero la cerraron), no hay biblioteca, no hay gente de tu edad, en definitiva, no hay NADA!!! entonces es cuando la imagen bonita que tenías de pequeño de ti corriendo por el campo se va oscureciendo para convertirse en una imagen de ti enfadado con el dichoso campo. 

Pero por suerte los años pasan y a los 18, obtienes tu glorioso salvador: el carné de conducir!!! ese que te permitirá salir de la aldea para ir a la civilización cada vez que quieras, sin  depender de nadie, bueno sí, de que tu padre te pueda prestar el coche...pero bueno, mientras te lo pueda prestar los fines de semana vas sobrado. 

Y a los 18 además, llega algo más salvador aún, LA UNIVERSIDAD,  y el irse a vivir a la CIUDAD , ese desconocido lugar para las chicas de aldea como yo, que sólo la habían pisado las 3 veces que ibas de excursión con el colegio y las 2 que te llevaba tu padre para ir al hospital...era un maravilloso mundo nuevo por descubrir: tiendas, gente, coches, centros comerciales, discotecas, internet!, aquello era el paraíso chaval. Encima viviendo tú sola en un piso, a tu bola, sin padres que te digan a dónde vas ni de dónde vienes...en conclusión, adoraba la CIUDAD, y la sigo adorando. 

Pero he de reconocer que también le tengo mi cariño al campo, a mi pequeña aldea donde no se oye un alma, sólo los pajarillos cada mañana, donde no gastas un céntimo porque no tienes donde gastarlo!, donde no tienes que preocuparte por la ropa que lleves o lo maquillada que vayas porque nadie te va a ver (al menos, nadie que te interese XD) en definitiva, siempre estará en mi corazoncito, pero la ciudad, que no me la quiten. 




Y hasta aquí mi presentación, espero que al menos el concepto de vivir en una aldea os haya quedado más claro ;)